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Crema sobre negro

Relatos

¿Una jornada de trabajo?

              Me he propuesto aceptar tus consejos y aquí estoy. Empieza con un relato corto, cuatro o cinco páginas a lo sumo, y colgaste. Se supone que en esto de la creación sabes más que yo, por eso eres editor y yo sólo un escritor de medio pelo que ha publicado un par de relatos.
         No. Tengo que mentalizarme; mucha confianza y sobre todo fe en mí mismo.

         Bueno, la primera fase cumplida. El silencio absoluto es la mejor manera de concentrarse en escribir. Eso es. Son las doce. La pequeña duerme desde hace horas y Rosa se acaba de acostar rendida. A veces pienso que ayudo poco con la casa… En fin, a lo nuestro.
         Mesa limpia de papeles. Luz adecuada. Puerta del despacho cerrada. Bien, ahora... ¿Ordenador o pluma? Empezaremos con la pluma. Es más cálida que ver aparecer virtualmente las letras en un folio virtual, sobre un escritorio virtual. Además hay que aguatar el ruidito del ventilador. El papel de toda la vida y la pluma. No puedo evitarlo, sigo siendo un romántico en un tiempo en el que ni en la literatura existen los románticos. Bueno alguno hay, pero pocos. Ésta sí que lleva tiempo conmigo. Hace… ¿cuatro años? Puede incluso que cinco. ¿Hijo mío, qué te compro para tu cumpleaños? ¡Anda que no lo tenía claro! Pero como le digo que lo que quiero vale cuatrocientos euros. Ahí fue providencial mi hermana: Yo te daré una propinilla je, je. Al final las convencí para que unieran sus “recursos” y de lo que faltara me encargaba yo. Sólo le falta escribir sola. 
         Bueno, vamos al tajo que ya son las doce y media y el folio sigue en blanco. Vamos a ver, un relato, un relato… Vaya, no me había dado cuenta de la cantidad de polvo que tiene este mueble. Cuándo fue la última vez que lo limpié. Estas navidades… no, las anteriores. Buff, año y pico. No me extraña. Casi debería…
         No, ahora estamos a lo que estamos. Si me pongo a limpiar el polvo no escribo. Venga, una idea. Sólo necesito una idea de la que ir tirando, enredarla más tarde y acabar dándole la vuelta. Es fácil ¿no? Lo has hecho ya otras veces. Bueno, muchas no. ¿Cuántos relatos tengo? El de la casa vacía es bueno. No ha ganado nada, pero sigo pensando que es bueno. No te preocupes, lo presentas a otro y ya está. Cinco concursos lleva recorridos. A ver si en éste toca.
         Venga. Venga que te pierdes. La una y sin vender una escoba. Voy a echar un trago de agua y un cigarrito a ver si llegan las musas por el camino. ¡Coño, que fría! Mejor, a ver si el frío me despeja, la nicotina me calma y empezamos a darle.
         Vaya noche más cojonuda. Ahora no enciende. Ahooora. No, si cuando se tuercen las cosas… Solo hubiera faltado que estuviera lloviendo.¡Joder! ¿y esas luces? Quién coño saldrá de casa a estas horas y entre semana. Tengo que cortar el césped. Ahora no se nota porque es de noche pero está fatal. ¡Ahh!, al final me voy a quemar. Va, para dentro que hace frío. A ver ahora, más despejado.
         Bueno, aquí estamos otra vez. No se oye ni una mosca y tú sigues en blanco. Los recuerdos, las experiencias… hay que reciclar. A ver, qué me ha pasado hoy. ¿El curro?, aburrido y monótono como siempre. ¿En casa?, lo habitual. Nada que destacar. ¡Joder que espeso estoy!.
          Si te encuentras bloqueado un paseo puede despejar ideas. Buah, en un pueblo de trescientos habitantes un paseo casi a las dos de la mañana no despeja ni ecuaciones. Calles vacías, algunos coches aparcados y puede que algún gato… Despejando ideas también, ¡nos ha jodido! Si el problema es que no tengo ideas, no que no pueda despejarlas.
         Va, piensa. Piensa… A ver, las noticias. A veces, de una noticia puedes sacar material para un relato. La tregua de ETA. Demasiado complejo para un relato. Y… ¡Nada más! También es mala suerte que con el alto el fuego, no haya prestado atención a otras noticias. Está claro que hoy no es mi día.
          No. Venga, ánimo, fe, confianza, pensamientos positivos. “Sempre negatifo, sempre negatifo. Nunca pousitifo” ¡Qué jodío el Van Gaal! El fútbol, podría ser un buen tema. Pelín trillado, pero puede tener gancho. ¿Y el Zaragoza? ¡Qué nenazas! ¡Mira que dejarse empatar en el último minuto! Bueno, va. Sobre fútbol. Dos porterías, veintidós tipos en calzoncillos detrás de un balón, otros dos con una banderita… Ná, es absurdo.
         Venga, respira. Relajate, la inspiración llegará…


 

         ¡Eh, vaya cabezada! ¡Joder, las cuatro! Sólo me quedan tres horas de sueño. Y tú, sigues virgen. En fin, mañana probaré otra vez. Pero antes, que no se me olvide limpiar el polvo de la librería, seguro que eso me ha desconcentrado.

 

 

Confesión

Miro por la ventana y sólo veo niebla. El sol desapareció con ella, en el instante en el que cerró la puerta. Al final llegó el lobo, después de tanto mentarlo. Todos dicen que tengo que cambiar. Pero nadie me explica cómo. Insisten en que puedo olvidarla. Pero nadie me responde si ella conseguirá olvidarme.

 

Nadie sabe que nunca se olvida. Sólo Gardel.

 

Es mentira que las heridas cicatricen. Aprendes a vivir con ellas o te hundes. Aprendes a ver en la niebla o te consumes. Espero que ella pueda aprender.

 

A lo lejos parece que el cielo abre. Es posible que después de todo mañana desaparezca la niebla. Pero han dicho que iba a llover.

 

“… porque te quise
tanto...¡tanto!
que al rodar,
para salvarte
solo supe
hacerme odiar.”


(Fragmento de “Sol de mi vida”)

Sólo una hora más

Las manos comienzan a sudarle. El corazón se acelera y la respiración se hace más trabajosa y rápida. Comienza a dudar. Duda si podrá seguir, un día más; una hora más; un solo minuto más.


Se levanta del sillón y avanza unos pasos por el despacho, sin perder de vista el cajón donde sabe que está el final de su ansiedad… pero también el reinicio del calvario. Pasa de largo y llega al dispensador del agua. Toma un vaso y lo llena casi hasta el borde. Comienza a beber sin prisa. Dejando que el agua helada le aguijonee las encías y sintiendola descender por su garganta hasta alcanzar el estómago, donde percibe como lo inunda todo. Continua bebiendo sin respirar, hasta dejar el vaso vacío. Tiene que inspirar profundamente, casi no le queda aire.


Sus pulsaciones comienzan a descender y cierra los ojos. Sabe que lo peor ya ha pasado. Arruga el vaso y encesta con él, más animado.


Regresa sobre sus pasos, mirando fijamente al cajón, pero ahora con una ligera sonrisa de suficiencia. Desafiante. El paquete de tabaco seguirá ahí, por lo menos otra hora más. También sabe que, pasado ese tiempo, la lucha volverá a empezar para seguir una hora más sin fumar.